LOS ÚLTIMOS DÍAS
254 páginas
Publicada inicialmente como novela corta bajo el título de La Hermandad de la Mutilación en 2003,
no fue hasta 2009 cuando Brian Evenson añadió una segunda parte para completar
lo que sería la novela completa Los
Últimos Días. Siendo esta posiblemente su obra más conocida, la producción
de Evenson no es solo amplia sino muy variada, incluyendo desde adaptaciones de
videojuegos (Dead Space) a
controvertidas novelas que mezclan violencia, feroz crítica a diverso establishment y un toque weird, raro y fuera de lo normal. Los Últimos Días se encuentra, sin
ninguna duda, dentro de este segundo grupo.
Aunque la novela se puede catalogar rápidamente como una novela de
detectives esto sería faltar a la verdad de buena parte de su interior. El
protagonista es Kline, un policía que recientemente perdió una mano durante uno
de los casos que investigaba y que lo puso enfrente del criminal. El propio
Kline se cauterizó la herida consiguiendo completar, aparentemente, un buen
trabajo. En las primeras páginas de Los
Últimos Días recibe la visita de dos personajes que lo secuestraran y lo
llevaran a un lugar donde se encuentra la que conoceremos como La Hermandad de
la Mutilación que da título a esta parte de la novela. Allí recibirá el encargo
de encontrar quién ha matado a uno de los líderes de la Hermandad. Hasta aquí, ni tan raro, ¿verdad?
Mencionaba anteriormente que Kline había perdido una mano en los eventos previos a la novela. Esto lo convierte en un Uno. Una persona que ha perdido que ha perdido un solo miembro de su cuerpo. Estar catalogado con número más alto te lleva más alto en la organización de esta hermandad. Es decir, cuantas más partes te falten, mejor si quieres progresar. Los Últimos Días utiliza esta característica para realizar una feroz crítica a las religiones en su conjunto y a la adoración de lo que no se ve ni existe, como las partes que faltan a los personajes de esta novela. Por ello, el hecho añadido de que Kline se auto cauterizara su mutilación lo hace el personaje idóneo para emprender el encargo que recibe por parte del líder de la hermandad. Cuyo número, por cierto, no dejare por escrito para que sea aún más sorprendente en la lectura.
La primera mitad de Los Últimos Días es
un fabuloso compendio de aberraciones y mutilaciones sazonadas de un humor
negro implícito que hace de la lectura un escalofriante viaje. No apta para
estómagos sensibles, durante esta mitad de la novela me debatía entre la
sensación de asquerosidad y el placer de ver una kafkiana mezcla de disparatados encuentros y decisiones locas para
el que apenas podía ver un fin. Y sin embargo, los comportamientos que se
pueden ver son extrapolables a la relación entre el ser humano y cómo las
religiones han dirigido nuestra forma de actuar.
La segunda parte de la obra, titulada con el mismo nombre de la novela,
echa el freno en cuanto al frenesí mutilador para describir con más detalle la
estructura de esta hermandad y su relación con otras. Igualmente veremos cómo evoluciona
el personaje de Kline, al que hasta ahora habíamos conocido más por lo que
otros decían y hacían que por sus propias actuaciones. Esta segunda mitad del
libro es, para mí, menos impactante que la primera, algo que en cierta manera
se agradece y permite poner en valor algunos de los eventos de lo anteriormente
leído. Al mismo tiempo, personalmente no conecté tanto lo estaba haciendo hasta
ese momento. El cambio de escenario y situación es tan significativo que para
cuando te quieres acostumbrar has llegado al fin de la historia. ¿El final? ¿O
el inicio nuevamente?
Kline es el personaje central de la novela y para ello no se necesita de
grandes diálogos. El estilo de Evenson aquí es muy conciso. Al mismo tiempo
apenas conoceremos información sobre el pasado de Kline. Al grano. Y todo esto
mientras se ve envuelto en una espiral de acontecimientos del que, por un
momento, no parece que vaya a tener fin. Hay momentos en los que parece que
estemos leyendo lo mismo una y otra vez, pero ambas lecturas tienen detalles
suficientemente diferenciados para añadir valor al libro.
Los Últimos Días se complementa con un postfacio del
escritor de terror Peter Straub, el cual aporta interesantes puntos de vista e
influencias sobre la novela que se acaba de leer. La edición española por parte
de Dilatando Mentes también contiene una serie de ilustraciones muy acordes con
el contenido del texto, sobre todo en lo relacionado con los ojos y la
extracción de los globos oculares. No puedo dejar de mencionar la portada, que
seguro causará algún problema a los lectores en transporte público pero que
encaja igualmente con el contenido.
Corre el riesgo Los Últimos Días
de que su despiadada crítica al culto de lo inexistente que incluye quede
oculta ante la violencia explícita de muchas de sus páginas. Su atrevida y
encarnizada propuesta, de la que bien vale llegar avisado es, sin embargo, una original
vuelta de tuerca a lo irracional y lo detectivesco, aderezado con un humor
negro con el que me he divertido muchísimo mientras, por momentos, miraba hacia otro lado.
La verdad es que esta editorial está sacando cositas muy interesantes. He leído dos suyos este verano y tengo ganas de conseguir alguno más.
ResponderEliminarUn abrazo.